El apetito de los data centers de IA dispara la demanda de memoria de alto ancho de banda y encarece desde consolas hasta los celulares más baratos del planeta.
Hay un hilo silencioso detrás de muchos de los aumentos de precio de 2026, y tiene nombre: memoria. El crecimiento explosivo de los data centers de inteligencia artificial disparó la demanda de memoria de alto ancho de banda (HBM), el tipo de chip que alimenta a los aceleradores que entrenan y ejecutan los grandes modelos. Se espera que la HBM consuma alrededor del 20% de la capacidad total de obleas (wafers) para finales de 2026, cuando apenas representaba un 2%.
Ese apetito no es gratis para el resto del mercado. Al acaparar líneas de producción, la fiebre de la IA exprime la fabricación de la memoria DDR y LPDDR que llevan los dispositivos de consumo de todos los días, y el resultado son aumentos de precio en cadena. Lo más crudo es que el golpe no se queda en los equipos premium: ya está afectando a los smartphones de menos de $100 dólares, precisamente los que sostienen la conectividad en mercados de África y el sur de Asia, donde cada dólar de más deja gente fuera.

El fenómeno tiene un apodo entre la comunidad tech —“RAMageddon”— y sus huellas están por todos lados. Es el mismo factor que retrasó y encareció la Steam Machine de Valve, y el que presiona los precios de los nuevos plegables de Samsung. Cuando escuchas que una consola o un teléfono “subió por los costos de componentes”, casi siempre hay memoria en el fondo de la ecuación.
La conclusión incómoda es que la factura del boom de la IA no la pagan solo los gigantes tecnológicos que construyen los data centers. La pagamos también quienes compramos una consola, una laptop o un teléfono, en forma de precios más altos y menos opciones accesibles. Es la clase de historia que rara vez sale en titulares por sí sola, pero que explica media docena de noticias de hardware al mismo tiempo.

