El villano del gaming en 2026 no es un juego retrasado ni una consola que falla. Es algo mucho más pequeño y mucho más caro: un chip de memoria. Una escasez global de DRAM —empujada por el apetito voraz de la inteligencia artificial y los centros de datos— está encareciendo todo el hardware, y las consolas son las primeras en pagarlo.
El caso más llamativo es Xbox. El 25 de junio, Microsoft anunció su tercer aumento de precios desde mayo de 2025, con efecto el 1 de agosto de 2026: los modelos Series S subieron $100 dólares, los Series X 150, y el modelo de 2 TB fue descontinuado. La compañía fue inusualmente franca sobre el motivo: los precios de memoria y almacenamiento han subido más de 2.5 veces, y advirtió que podrían duplicarse de nuevo hacia el otoño de 2027.
Nintendo canta la misma canción. En su reporte financiero, la empresa reconoció un impacto de alrededor de ¥100,000 millones de yenes (unos $633 millones de dólares) por la subida de precios de componentes —memoria sobre todo— y por los aranceles. No por casualidad, la Switch 2 ya empezó a moverse desde sus $449.99 dólares de lanzamiento hacia los $499.99 dólares.
El patrón es claro: no es la decisión aislada de una marca, es una presión estructural que atraviesa a toda la industria. Cuando el componente que guarda y mueve los datos se encarece, se encarece la consola, el PC, el portátil y, en cadena, la experiencia completa.
Y aquí la lectura mexicana es doble de dura. A las subidas en dólares hay que sumarles el tipo de cambio, los impuestos de importación y los márgenes locales, lo que puede convertir un aumento “moderado” allá en un salto considerable en pesos. Si estabas esperando el momento ideal para renovar hardware, conviene saber que el viento sopla en contra.
¿Qué puedes hacer al respecto? Poco a nivel individual, pero sí conviene aprovechar temporadas de descuento como el Buen Fin y vigilar el mercado de reacondicionados, que suele esquivar parte de la subida. Lo que no parece prudente es esperar “a que bajen”: con la memoria convertida en cuello de botella y la demanda de la IA por las nubes, el escenario más probable de aquí a 2027 es justo el contrario al que muchos esperan.

