Netflix ofreció a Xbox 500 millones de dólares por siete años de derechos exclusivos para llevar todo su catálogo —Halo, Gears of War, Fable— al cine y la televisión. Xbox pidió 800 millones y Netflix se levantó de la mesa. El episodio revela cuánto valen hoy las IP del gaming frente al apetito del streaming.
Lo reportó la publicación Puck y lo recogió media industria: Netflix buscó un acuerdo de 500 millones de dólares con la división Xbox de Microsoft para asegurarse, durante siete años, los derechos exclusivos de adaptar su suite completa de propiedades a series y películas. La respuesta de Xbox fue subir la apuesta a 800 millones —un incremento del 60%— y ahí el gigante del streaming prefirió retirarse. El resultado: no hay megaacuerdo, y las dos compañías vuelven a negociar caso por caso.
Qué estaba en juego
El trato habría puesto sobre la mesa todo el catálogo de Xbox Game Studios para adaptaciones: Halo, Gears of War, Fable y más. No es un capricho: las adaptaciones de videojuego a pantalla están en su mejor momento, con Amazon estrenando Fallout y Warner llevando Minecraft al cine con enorme éxito. En ese clima, los grandes productores de contenido andan a la caza de material adaptable, y las franquicias de Xbox son de las más codiciadas que quedan sin explotar a gran escala.
Según Puck, un factor clave en el colapso fue el calendario humano: Bela Bajaria, entonces jefa de contenido de Netflix, era quien impulsaba la iniciativa, y salió de ese puesto justo este mes. Sin ella peleando por el proyecto —y con el director financiero Spence Neumann viéndolo demasiado caro—, el apetito dentro de Netflix por una negociación prolongada se desinfló. Peter Rice, veterano de Disney y Fox, llega como nuevo jefe de contenido con la expectativa de perseguir más acuerdos de IP, pero este, al menos, quedó fuera de la mesa.
La jugada de Xbox
Lejos de verse debilitada, Xbox proyecta confianza. En un comunicado, la compañía dijo haber recibido un interés “sin precedentes” en su propiedad intelectual y describió a Netflix como un socio valioso. De hecho, Microsoft acaba de crear una división específica para adaptaciones multimedia, llamada XP, y ahora apuesta por acuerdos más pequeños con múltiples socios en lugar de una exclusiva monolítica. Las dos empresas, además, siguen colaborando: hay una serie animada de Diablo anunciada en la pasada BlizzCon y una de Minecraft en desarrollo.
El resto del tablero ya está en marcha con otros jugadores: una película de Call of Duty en Paramount, una tercera temporada de Fallout en Amazon y una secuela de la película de Minecraft en camino. Títulos como The Elder Scrolls y Sea of Thieves también se barajan para futuras adaptaciones. En otras palabras, Xbox calcula que puede sacar más valor repartiendo sus IP que entregándolas en bloque a un solo comprador.
Esta historia es jugosa porque cruza dos mundos que nos obsesionan: el gaming y la cultura pop. La pregunta de fondo —¿cuánto vale Master Chief como personaje de televisión?— dice mucho sobre el momento del medio. Que una marca de videojuegos se plante ante Netflix y le pida casi el doble es la señal más clara de que las IP del gaming ya no son el pariente pobre de Hollywood, sino un activo que se cotiza al alza.

